|
LAS HUELLAS PSICOLOGICAS DEL
PASADO
"A mí me pasó"
Un accidente, un robo, un ataque a nosotras o alguien de nuestra familia
o a un amigo... y no podemos evitarlo. Nuestras reacciones ya no son las
mismas. El estrés post-traumático, que es la causa de ese estado
alterado, tiene solución.
El momento vuelve a su cabeza una y otra vez como una película. No
puede dejar de pensar en el día del accidente. ¿Qué hubiera pasado si
en lugar de visitar a la tía se hubiera quedado en casa a terminar el
libro? Es más, cada sonido que escucha, el timbre de la puerta o el teléfono
la hace saltar de su silla como si fuera una bomba.
Trata de mantener a los chicos en casa y ya no volvió a pasar por esa
calle.
Es probable que sus familiares digan que ya no es la misma y hasta se
enojen con ella porque no se decide a olvidar. El problema podría ser
mucho más serio que su empecinada voluntad.
Todos estamos preparados para reaccionar ante un hecho inesperado y
peligroso. Algunos corren, otros contraatacan.
Cuando la situación supera la capacidad para sostenerla, ésta deja una
herida psicológica, una huella que provoca un estado especial de la
psique más allá del evento traumático.
Por eso, el punto importante no es sólo lo que sucede, con qué
intensidad y cuántas veces, sino la capacidad de la persona a la que le
sucede para enfrentarlo.
Puede ser el protagonista de un accidente callejero, un robo o un
incendio o un simple testigo privilegiado. Puede ser un soldado en la
guerra o un obrero al que nuevamente le dicen que este mes no le van a
pagar, una madre que se entera de que su hijo está muy enfermo o una
actriz atacada por un fanático seguidor. Todo depende de cada uno.
No es su imaginación
Cuando la persona no puede seguir
funcionando con eficacia y está invadida por una idea o un hecho traumático
se dice que sufre estrés postraumático.
No es que se pretenda que no vuelva a recordarlo nunca, sino que no
interfiera en su vida.
Muchas personas repasan una y otra vez el momento y se imaginan "qué
podría haber hecho para evitar esto", "si no hubiera llegado
tarde...", "si me hubiera quedado en casa...", "si
no lo hubiera mandado a la escuela...", "qué hubiera pasado
si además de golpearme me hubieran pegado un tiro", "qué
suerte que tuvo Fulano que no tomó el avión", etcétera. Entonces
se empieza a instalar una especie de pensamiento mágico como si se
pudiera volver atrás en el tiempo y cambiar las cosas, como si los
pensamientos fantasiosos fueran reales.
El trauma también puede manifestarse a través de signos más
evidentes, como nerviosismo, tensión, cefaleas o palpitaciones. En
muchos casos aparece una ansiedad persistente o problemas para dormir
que aparentemente no tienen solución.
Otro síntoma es la respuesta viva ante cualquier estímulo, como saltar
cuando suena el timbre, querer saber inmediatamente quién llama por teléfono
o escuchar radio a la espera de información sobre accidentes.
Este estado de alerta permanente puede convertirse en cosas más graves.
Un espacio para el que sufre
Cuando el problema se prolonga sin
que se realice un tratamiento o se traten los síntomas en forma
equivocada la evolución natural del estrés postraumático es empeorar.
Aunque los síntomas más visibles pueden hasta desaparecer surgen otros
más profundos y difíciles de revertir, como la somatización, la
depresión o los trastornos psicopáticos.
Por eso, la ayuda profesional precoz, e incluso inmediata, es muy
importante. En zonas críticas de guerras, terremotos o inundación
suelen enviarse psicólogos para que asistan a las víctimas en el
momento.
Asimismo, el rol de la familia es muy importante. Tanto si se trata de
un chico como de un adulto, es muy importante que se dé lugar a la
situación. No es bueno negarla, ocultarla o reprimirla.
La persona que vivió esa situación no está enferma, sino que pasó
por un evento realmente difícil de sostener y necesita expresarlo y
vivirlo.
Si su familia le brinda el espacio y la contención necesarias y la
persona logra resolver el problema puede evitar las consecuencias del
estrés postraumático y continuar con su vida; no como antes porque no
es la misma persona, pero sin quedar atrapado en el momento.
Greta Frankenfeld
Asesoramiento:
Dr. Enrique Luis De Rosa Alabaster, médico neurólogo, psiquiatra y
director de Psygnos.
El clima de incertidumbre
Cuando el entorno general es de
mucha tensión porque existe una crisis económica, social o cultural la
capacidad de reacción ante un hecho traumático es menor.
El balance entre conflicto y reacción ya está desnivelado por la
situación general, un nuevo evento puede terminar de desatar un estrés
crónico.
Para comprenderlo más fácilmente: si a su hijo le roban la bicicleta
puede ser un mal momento pero nada más.
En cambio, si empiezan a robar todas las bicicletas del barrio, su
estado de alerta será sin dudas diferente.
De acuerdo con estudios realizados en las épocas de la Primera y la
Segunda Guerra Mundial, los niveles de estrés postraumático no eran
muy elevados porque los combatientes o las víctimas luego del
enfrentamiento o el bombardeo recuperaban la tranquilidad y tenían como
incentivo el heroísmo de "defender a su país".
En cambio, en un entorno de incertidumbre, a la que se suma una menor
capacidad de defensa, traumas repetitivos, estrés persistente y
agresiones injustificadas, una situación traumática mucho menor que
una guerra puede desatar un nivel de estrés muy superior.
Por eso, es muy saludable, aun en los peores momentos, atenderse y
dedicarse algunos momentos de calma para recuperar el equilibrio y curar
los rasguños cotidianos de la mente.
|