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Es
normal y totalmente lógico que el tiempo se encargue de
transformar la pasión y el entusiasmo de los primeros años en
pasividad e, incluso, en cierta frialdad hacia la pareja. Pero no
debes dejarte arrastrar por ese torrente de monotonía, porque
acabarás cayendo en una espiral que te llevará a la
indiferencia, de la que cuesta mucho salir.
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No
esperes a tener un motivo para acariciar a tu pareja. Sorpréndele
de esa forma y, cuando menos te lo esperes, él/ella te sorprenderá
a tí.
Es probable que un simple
roce ya no te haga «vibrar» como antaño, pero seguro que en
esos pequeños contactos habrá mayor confianza, conocimiento
mutuo y complicidad. Y, ¿quién no desea mantener esos valores en
una relación?.
Es muy posible que, tras años
de convivencia y experiencias en común, sepas cuándo tu pareja
necesita una muestra de apoyo aun sin pedírtela. Una simple
caricia puede ser esa prueba de cariño.
Si te acostumbras a no tocar
a tu pareja, acabarás por acostumbrarte a que tampoco te acaricie
a ti. |
En
ocasiones rechazamos las caricias y el contacto físico porque nos
tememos un desenlace que, en ese momento, no nos apetece. No te
anticipes y recuerda que, para que algo suceda, los dos deben estar
dispuestos.
Prescindir de esos contactos físicos
puede influir negativamente en toda tu relación de pareja.
Manifestar el amor hacia tu
pareja delante de tus hijos puede ser bueno, incluso para ellos. Con
esas pequeñas caricias hacia su padre/madre les estás haciendo
entender que estáis unidos y que la pareja funciona. Indirectamente,
les transmites seguridad. |