| "Tú
tienes el poder de decidir que es lo que dejas entrar en tu
mente y que es lo que se va a quedar. El miedo no existe como
tal, solo existen pensamientos temerosos y conductas de evasión". |
INTRODUCCION
La ansiedad es una emoción
que surge cuando la persona se siente en peligro, sea real o no la
amenaza. Es una respuesta normal y adaptativa ante amenazas reales o
imaginarias más o menos difusas que prepara al Organismo para
reaccionar ante una situación de peligro. Los temores se convierten en
la niñera del crío cuando éste comienza a alejarse de la madre y
empieza a explorar el mundo por sí solo. Los tres tipos de temores más
firmemente establecidos en la especie humana son:
- El miedo a los
animales, reminiscencia del temor evolutivo a los
depredadores.
- El miedo a los
daños físicos, vestigio atávico del temor a los peligros
que se pueden encontrar en la naturaleza.
- El miedo a la
separación, que actúa en consonancia con los anteriores y
que permite retener a los niños pequeños cerca de sus madres
protegiéndolos del entorno peligroso.
Hay ocasiones en que las
respuestas de ansiedad no desempeñan una función adaptativa, se
disparan de forma totalmente incontrolada y son causa de sufrimiento
para los niños que las experimentan. Surgen, en estas circunstancias,
como un "miedo sin saber de qué". En el caso de los
trastornos de ansiedad, las respuestas de temor funcionan como un
"dispositivo antirrobo defectuoso", que se activa y previene
de un peligro inexistente.
EL MIEDO EN LA
INFANCIA
Cuando la ansiedad remite a
estímulos específicos, se habla propiamente de miedo.
La mayoría de los niños experimentan muchos temores leves,
transitorios y asociados a una determinada edad que se superan espontáneamente
en el curso del desarrollo. El miedo constituye un primitivo sistema de
alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente
peligrosas. El miedo a la separación es la primera línea de
defensa; si se rompe ésta, entonces entran en acción los miedos a
los animales y a los daños físicos. Desde esta perspectiva, los
miedos son respuestas instintivas y universales, sin aprendizaje previo,
que tienen por objetivo proteger a los niños de diferentes peligros.
Los miedos innatos se pueden agrupar en cinco categorías generales:
- Miedo a los estímulos
intensos.
- Miedo a los estímulos
desconocidos, como por ejemplo, el temor a los extraños.
- Miedo a la ausencia de
estímulos, como por ejemplo, la oscuridad.
- Miedo a estímulos que
han sido potencialmente peligrosos para la especie humana en el
transcurso del tiempo, como la separación, las alturas, las
serpientes u otros animales salvajes.
- Miedo a las
interacciones sociales con desconocidos.
MIEDOS EVOLUTIVOS
NORMALES MÁS FRECUENTES EN LAS FASES DEL DESARROLLO INFANTIL
El niño de 0 a 1 año
suele responder con llanto a los estímulos intensos y desconocidos, así
como cuando cree encontrarse desamparado. En los niños de 2 a 4 años
aparece el temor a los animales. En los niños de 4 a 6 años surge el
temor a la oscuridad, a las catástrofes y a los seres imaginarios (como
brujas y fantasmas) así como el contagio emocional del miedo
experimentado por otras personas y la preocupación por la desaprobación
social. Entre los 6 y los 9 años pueden aparecer temores al daño físico
o al ridículo por la ausencia de habilidades escolares y deportivas.
Los niños de 9 a 12 años pueden experimentar miedo a la posibilidad de
catástrofes, incendios, accidentes; temor a contraer enfermedades
graves; y miedos más significativos emocionalmente, como el temor a
conflictos graves entre los padres, al mal rendimiento escolar, o, en
ambientes de violencia familiar, el miedo a palizas o broncas. Entre los
adolescentes de 12 a 18 años tienden a surgir temores más relacionados
con la autoestima personal (capacidad intelectual, aspecto físico,
temor al fracaso, etc.) y con las relaciones interpersonales. Los miedos
infantiles expuestos son muy frecuentes y pueden afectar hasta al 40-45%
de los niños. Son, por ello, normales, aparecen sin razones aparentes,
están sujetos a un ciclo evolutivo y desaparecen con el transcurso del
tiempo, a excepción del miedo a los extraños que puede subsistir en la
vida adulta en forma de timidez.
LAS FOBIAS
Cuando los miedos
infantiles dejan de ser transitorios hablamos de fobias.
Las fobias son una forma especial de miedo que responde a las siguientes
características:
- Ser desproporcionadas a
la situación que desencadena la respuesta de miedo y/o estar
relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos.
- No poder ser eliminadas
racionalmente.
- Estar más allá del
control voluntario.
- No ser específicas de
una edad determinada.
- Ser de larga duración.
- Interferir
considerablemente en la vida cotidiana del niño en función de las
respuestas de evitación.
Las fobias infantiles
suelen aparecer con más frecuencia entre los 4 y 8 años.
CLASIFICACION DE
LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA
Los trastornos de ansiedad
en la infancia pueden clasificarse en tres grandes apartados dentro de
los cuales aparecen otros tal como podemos ver en la siguiente lista:
- TRASTORNOS FÓBICOS:
Fobias específicas, Fobia escolar y Trastornos de evitación.
- TRASTORNOS DE ANSIEDAD
SIN EVITACIÓN FÓBICA: Ansiedad de separación y ansiedad excesiva.
- OTROS TRASTORNOS DE
ANSIEDAD: Trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno mixto de
ansiedad y depresión.
TRASTORNOS FÓBICOS
Las fobias específicas
pueden interferir de una forma considerable en la vida cotidiana del niño.
Su pronóstico es que tienden a remitir espontáneamente con el paso del
tiempo en períodos que oscilan entre 1 y 4 años. Algunos ejemplos son:
la fobia a la oscuridad, la fobia a los perros o la fobia a los médicos.
La fobia a la oscuridad puede producir una fuerte ansiedad por la noche
en el momento de ir a la cama, así como rabietas y negativas a dormir
fuera de casa. La fobia a los perros puede llevar al niño a utilizar
caminos más largos o rodeos innecesarios para llegar a casa o al
colegio. La fobia a los médicos puede impedir los controles
preventivos, así como dificultar la administración de tratamientos
beneficiosos.
La fobia escolar se refiere
al rechazo prolongado que un niño experimenta a acudir a la escuela por
algún tipo de miedo relacionado con la situación escolar. Es poco
frecuente y tiende a darse entre 3-4 años o bien, 11-12 años. Afecta a
un mayor número de niños que de niñas. Su comienzo en niños pequeños
es repentino mientras que en mayores y adolescentes es más gradual, de
carácter más intenso y grave y con peor pronóstico. Desde una
perspectiva clínica, la fobia a la escuela viene precedida o acompañada
habitualmente de síntomas físicos de ansiedad (taquicardia, trastornos
del sueño, pérdida de apetito, palidez, naúseas, vómitos, dolor de
cabeza) y de una anticipación cognitiva de consecuencias negativas
asociadas a la escuela así como de una relación muy dependiente con la
madre y de la proliferación de temores inespecíficos (a la oscuridad,
a los ruidos). El resultado es la conducta de evitación. La fobia
escolar está asociada a otros trastornos clínicos, como la depresión
y una baja autoestima. Algunos factores predisponentes de la fobia
escolar son la existencia de trastornos de ansiedad o de depresión
entre los padres, factores relacionados con la escolaridad como el temor
a un profesor o sucesos vitales negativos como una enfermedad prolongada
o la separación de los padres. En resumen, la fobia escolar es un fenómeno
complejo que puede denotar la existencia de una fobia específica (temor
a ser herido en los juegos de recreo), de una fobia social (temor a ser
ridiculizado), de un trastorno obsesivo-compulsivo (temor a ser
ensuciado) o de una ansiedad de separación propiamente dicha.
El trastorno de evitación
se caracteriza por la excesiva evitación del contacto con personas
desconocidas durante un período superior a 6 meses e interfiere en las
relaciones sociales con los compañeros de juego o de colegio. Todo ello
está unido a un claro deseo de afecto y de aceptación de uno mismo
ante los demás. Este trastorno sólo se diagnostica a partir de 2,5 años
puesto que a una edad más temprana puede tratarse simplemente del temor
evolutivo normal a las personas extrañas al niño. Estos niños suelen
ser inseguros, tímidos, con poca confianza en sí mismos y poco
asertivos. Como consecuencia de este trastorno, los niños pueden tener
dificultades para adquirir las habilidades sociales necesarias en el
proceso de adaptación a un ambiente que les resulta a estas edades
enormemente cambiante. El aislamiento social y la depresión pueden ser
las consecuencias de este trastorno.
TRASTORNOS DE
ANSIEDAD SIN EVITACIÓN FÓBICA
La ansiedad de separación
es la ansiedad desproporcionada que experimenta un niño cuando se
separa real o supuestamente de sus seres queridos, especialmente de la
madre. La ansiedad de separación constituye un sistema de protección
en los primeros meses y años de la vida del niño. La atenuación
posterior de esta ansiedad, a medida que el niño adquiere una mayor
movilidad física, es suplida por la aparición de temores específicos,
como el miedo a la oscuridad, a las alturas o a los extraños, que
reemplazan dicho mecanismo protector. Este trastorno incluye la
presencia de miedos irracionales (a estar solos, a irse a la cama con la
luz apagada, etc.), de trastornos del sueño (pesadillas especialmente)
y de ansiedad global, así como la anticipación de consecuencias
negativas, como la sensación de que algo malo va a ocurrir o la certeza
de que ya no va a volver a ver a los seres queridos. Los niños
afectados por este trastorno cuentan con una edad media de 9 años y se
distribuyen entre ambos sexos, con cierto predominio de las niñas sobre
los niños y de los niveles socioeconómicos bajos. Si bien no suele
prolongarse más allá de los 14-16 años, puede ser un predictor de la
agorafobia/trastorno de pánico o incluso de depresión en la vida
adulta.
La ansiedad excesiva es un
trastorno caracterizado por la presencia de ansiedad persistente y
generalizada en situaciones muy diversas, no limitadas a la separación
de los seres queridos, y por la aparición de temores anticipatorios
ante dichas situaciones. La tensión y el perfeccionismo están siempre
presentes en dicho trastorno. Los niños afectados por este trastorno
cuentan con una edad media de 13 años y se distribuyen por igual entre
ambos sexos, con un cierto predominio de los niveles socioeconómicos
medios y altos. Este trastorno aparece con frecuencia en familias
reducidas cuyos miembros viven constantemente preocupados por la obtención
de éxitos, con una dinámica de sobreexigencia que los niños no son
siempre capaces de asimilar. En cuanto al pronóstico, la ansiedad
excesiva surge sin un comienzo claro y tiende a cronificarse con el
transcurso del tiempo, con un agravamiento adicional ante las
situaciones de estrés y con la aparición de síntomas diversos (tics,
miedo a hablar en público).
OTROS TRASTORNOS DE
ANSIEDAD
El trastorno
obsesivo-compulsivo se compone de obsesiones (pensamientos ilógicos
desagradables que surgen reiteradamente y que sobrevienen contra la
voluntad del sujeto) y de compulsiones (conductas repetitivas sin
sentido en sí mismas, pero que consiguen suprimir o reducir la ansiedad
inducida por las obsesiones). Este cuadro clínico es más propio de la
vida adulta y resulta poco frecuente en la infancia. Las conductas
rituales y las perseveraciones son un rasgo de desarrollo normal entre
los 7 y los 8 años. En unos casos tienen un carácter lúdico y en
otros sirven para controlar la ansiedad así como para facilitar la
socialización. Entre los 7 y los 11 años pueden surgir rituales
relacionados con el coleccionismo. La edad de inicio se sitúa en torno
a los 9,5 años en los niños y los 11 años en las niñas, con un
desarrollo habitualmente gradual y en sujetos con un cociente
intelectual más bien alto. Este problema puede surgir con más
frecuencia en niños con un código moral rígido y que experimentan,
por tanto, sentimientos de culpa con frecuencia.
Los niños y adolescentes
con trastornos depresivos suelen presentar síntomas de ansiedad, de ahí
a llamar al trastorno mixto de ansiedad y depresión.
ETIOLOGIA DE LOS
TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA
En el origen de los
trastornos de ansiedad desempeñan un papel importante, por un lado, los
acontecimientos estresantes como el divorcio de los padres en los períodos
críticos de la infancia y, por otro, el estilo educativo de los padres
con los hijos. En concreto, hay una estrecha relación entre la ansiedad
materna, la sobreprotección de los hijos y las respuestas de ansiedad
por parte de éstos. El temperamento del niño desempeña asimismo un
papel importante y refleja la predisposición hereditaria general. Los
niños ansiosos tienden a responsabilizarse excesivamente de los
fracasos, experimentan dificultades para generar alternativas de actuación
y discriminar las que son efectivas de las que no lo son y por último,
suelen ser lentos en la toma de decisiones. La atención excesiva del niño
a sus propias reacciones y a sus propios pensamientos contribuye a
desarrollar y mantener la ansiedad.
TRATAMIENTO DE LOS
TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA
Las técnicas terapéuticas
más utilizadas son las mismas que las que se usan en el tratamiento de
los adultos. Más que en aspectos conceptuales, las diferencias radican
en la adaptación del procedimiento a la edad y a las características
del niño. Las técnicas más frecuentes son las siguientes:
- Técnicas de exposición
- Relajación
- Técnicas de modelado
- Práctica reforzada
- Escenificaciones
emotivas
- Técnicas cognitivas
como la terapia racional emotiva
- Tratamientos
psicofarmacológicos
La exposición a los estímulos
fóbicos puede hacerse en imaginación o en vivo y constituye el
tratamiento psicológico más eficaz para hacer frente a las conductas
de evitación que aparecen en las fobias específicas. En niños menores
de 11 años se recomienda no utilizar la imaginación. También se
recomienda esta técnica en los trastornos obsesivo-compulsivos puesto
que en los casos adultos tiene un gran éxito.
La relajación es un medio
de aprender a reducir la ansiedad inespecífica y obtener control de la
mente. Es una técnica terapéutica útil en la ansiedad excesiva y la
ansiedad de separación. El método más utilizado es la Relajación
progresiva de Jacobson consistente en tensar y relajar los principales
grupos musculares del cuerpo al tiempo que el sujeto se concentra en las
sensaciones relacionadas con la tensión y relajación. A pesar de no
ser adecuado por debajo de los 8 años, se ha establecido un programa de
adaptación para niños menores de estas edades.
Las técnicas de modelado
están fundamentadas en el papel tan importante que desempeña en el
aprendizaje, facilitación y modificación de conductas, la observación
en un modelo de comportamientos adecuados por parte de un observador.
La práctica reforzada está
enfocada en la adquisición de conductas nuevas adaptativas más que en
la eliminación de las respuestas de ansiedad. La terapia tiende a hacer
perder al estímulo su valor ansiógeno enseñando a la persona una
nueva conducta que le permita hacer frente a la situación lo más
eficazmente posible. Está indicada en el tratamiento de la fobia
escolar y el trastorno de evitación.
Las escenificaciones
emotivas son la combinación de la exposición en vivo, el modelado
participante y la práctica reforzada. Con esta aplicación conjunta se
trata de potenciar los resultados terapéuticos que se pueden obtener
con cada uno de ellos por separado. Muy útil para tratar fobias específicas
en niños muy pequeños.
Las preocupaciones de un niño
pueden derivar del modo, no siempre correcto, en que percibe la realidad
y de los recursos que cree disponibles para afrontarla. Los pensamientos
generados pueden guiar la conducta e incluso las emociones del niño. Si
están distorsionados, pueden dar lugar a pensamientos negativos muy a
menudo presentes en los niños con trastornos de ansiedad. De ahí la
utilización de las técnicas cognitivas para su tratamiento puesto que
con ellas podemos conseguir modificar dichos pensamientos y sustituirlos
por otros más adecuados o adaptativos. Su utilidad, sin embargo, está
limitada a los niños mayores.
Los psicofármacos son una
ayuda complementaria al tratamiento psicológico y no deben utilizarse
en niños menores de 6 años.
CONCLUSIONES
A pesar de no existir
muchos estudios o bibliografía sobre los trastornos de ansiedad en la
infancia en comparación con la existente en los adultos, creemos que
por lo invalidantes que pueden ser dichos trastornos y su posterior
consecuencia en la vida adulta, es necesario atender determinados signos
de ansiedad visibles en nuestros hijos y tratarlos con ayuda de un psicólogo
infantil para reducirlos y así mejorar la calidad de vida de nuestros
niños. Esta es una forma de conducirles hacia una más satisfecha vida
adulta.
Gloria
Marsellach Umbert - Psicólogo
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