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BASTA DE GRITOS

Si gritas, te enfurecés, pateas el suelo, vociferás y tiras cosas por el aire porque te hace sentir mejor en momentos de enojo, está bien, pero practicalo solo como una autocomunicación privada, personal. Hacelo sola, si fuiste testigo de semejantes conductas en casa, en tu etapa de crecimiento, ya sabes que el remedio de los gritos pocas veces remedia nada. Es un falso remedio para la furia. ¿Porqué?

 

  • Cuanto mayor sea la frecuencia con que gritamos y aullamos, más descenderá nuestro umbral en lo que se refiere a los gritos y los aullidos. En otras palabras, hará falta cada vez menos estímulo para desencadenar esa reacción.
  • Cuanto más gritamos, más adrenalina pasa a nuestro torrente sanguíneo, cosa que dificulta aun más el pensamiento lógico y el autodominio. En consecuencia, entramos en un espiral de frenesí, hasta que aparece el agotamiento físico o mental.
  • Cuanto más gritamos, más enseñamos a los que nos rodean a gritar. Si parece que nos diera resultado, nuestros hijos lo intentarán a su vez. La imitación de la conducta que funciona para los demás se denomina "copiar un modelo", y es el proceso de aprendizaje más poderoso al cual se ve sometido un niño. Es por eso que los niños que han sufrido malos tratos tienden luego a maltratar a toros niños. ¡Es un círculo vicioso que hay que romper!
  • Cuanto más gritamos, más competentes nos volvemos para hacerlo. Esto se llama "efecto de la práctica". Muy pronto los gritos se convertirán en la primera opción que se nos ocurre cuando nos sentimos frustradas.
  • Cuanto más gritamos, más reforzamos nuestra tendencia a los gritos. Si después nos sentimos mejor, lo intentaremos de nuevo. Si todos los que nos rodean nos tratan mejor a partir de entonces, es doblemente probable que lo hagamos otra vez. Reforcémonos para los remedios que encaran la situación frustrante y el sentimiento de frustración que nos lleva a gritar.

TEST

Pero fundamentalmente para cambiar nuestra conducta, primero tenemos que entenderla. Haga este sencillo test para ver los conceptos que se aplican a vos:
Tilda lo que corresponda:

  • Grito más cuando tropiezo con un obstáculo inesperado en mi rutina de todos los días.
  • Grito más cuando la persona o personas que se encuentran se echan a gritar.
  • Grito más cuando he sido insultada, o cuando me siento insultada.
  • Grito más cuando me siento físicamente incómoda por la temperatura.
  • Grito más cuando estoy en mi período premenstrual.
  • Grito más cuando siento que se hace caso omiso de mí, o cuando no se me toma en serio.
  • Grito más cuando siento que no tengo opciones en relación con algo.
  • Grito más cuando sufro una desilusión en mis expectativas.
  • Grito más cuando estoy físicamente cansada.
  • Grita más cuando sé que nadie me lo impedirá.

 

 

RESULTADOS.

Según la investigación del Dr. Leonard Berkowitz, de la Universidad de Wiscosin, si tildaste por lo menos tres de las alternativas, es posible que entre ellas figuren:
1 - Gritar cuando se siente personalmente insultada.
2 - Gritar cuando se siente inesperadamente frustrada por no haber logrado algo específico.
3 - Gritar porque hace mucho calor.
Si tildaste todas, necesitas ayuda, generalmente funcionan bien las terapias grupales porque se obtiene comprensión, sugestiones alternativas, una práctica concreta en materia de modificación de la conducta y refuerzo para encarar nuevos enfoques. Siempre sirve llamar por teléfono o charlar con una amiga para que nos ayude a dominarnos.

Intenta cambiar tu conducta:

Es importante examinar los disparadores, si acontecimientos inesperados son los que con mayor facilidad desencadenan tu frustación, lo que está siendo violada es tu sensación de dominio sobre tu territorio o tu día. Cuando eso ocurre, muchas de nosotras nos culpamos de no poder prever absolutamente todo lo que puede ocurrir. Entonces nos enfurecemos con nosotras mismas, pero en nuestra frustación les gritamos a todos los demás. Si no nos podemos dominar, lo mejor es aceptar la situación y dejar de intentar, en ese momento, el control de todo. Por ejemplo, estás atascada en el medio de una marcha, y llegas tarde a una cita importante. No golpees el techo del auto y grites como una loca, no solo llegarás tarde a la cita sino alterada. Pone la música tranquila en el auto, relajate y no conviertas el atasque en un fracaso personal.

Si gritas más cuando te insultan, tu estallido significa:

1 - casi siempre que le estás asignando una gran importancia a la opinión que alguien tiene de vos,
2 - o que te parece que esa persona te rebaja en tu autoestima,
3 - que el insulto se parece mucho a los que vos misma te dirigís.

En el primer caso examina la importancia de la persona que te insulta. No es lo mismo que te insulté un taxista por una maniobra distraída (francamente, se él está nervioso es su problema) que alguien que te conoce y es importante para vos. Puede ser que sientas que el insulto quiere decir que sos menos perfecta para ella. Tal vez signifique que la desaprobación vale la pena de ser escuchada. Pero escucha las informaciones respecto de cómo te ven los demás. No llegues a la conclusión que toda tu persona está siendo criticada, o que tu autoestima tiene que ser relacionada a la fuerza con haber sido "retada" o "insultada".

Tu autoestima te pertenece, un insulto refleja las necesidades o sensibilidades del otro. Decidí si el insulto es útil como información, o sólo es dañino. Si es así, manejalo como una afirmación destinada a herir, no un dato relacionado con vos.

Si tu reacción en forma de gritos, ante un insulto, estalla porque el botón que alguien apretó es el que no quiere admitir que tenes, sabé que eso le pasa a todo el mundo. Todos detestamos cuando nos critican por algo que nosotros mismos nos criticamos y que intentamos ocultarnos. "¿A mí me acusas de ser como ella? Jamás!

Por lo general se trata de las mismas conductas inaceptables y que menos toleramos en los demás. Es típico la madre que no soporta en su hija, sus mismos defectos. Por lo tanto, trata de conocer tus propias características menos aceptables.... y acéptalas o proponerte cambiarlas. Una vez que lo logres, las críticas de los demás ejercerán menos impacto sobre vos, porque no revelan un secreto ni acentúan tu censura sobre vos misma.
Gustave LeBon, importante sociólogo francés, explicó que la difusión de la conducta agresiva entre personas que se encontraban en contacto como el resultado, entre otras cosas, de nuestra sugestibilidad.

Teóricos del aprendizaje social como Albert Bandura afirman que gritamos más cuando estamos con otros que gritan, porque vemos que los gritos les dan resultado, y entonces queremos que también nos los dé a nosotras. Ojo con el contagio, con la sugestibilidad y la imitación. Eso puede llevarnos a una conducta que no elegimos nosotras mismas premeditadamente y termine perjudicandonos.

Si gritas porque no tenes opción alguna respecto de algo, analiza la realidad de la situación. A veces no tenemos opciones, pero a veces sí las tenemos, simplemente no nos animamos a enunciar nuestra elección; hacernos responsables por ella. Es importante aprovechar todas las opciones que se cruzan por tu camino. Cuanto más remedies, todos los días, tu sentimiento de elección y de control, menos vas a necesitar gritar a cada instante.

 

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