¡Controla
tu genio!
Si
sos del tipo de mujer que gritando la peor blasfemia
salta sobre quien te ha " agredido"
intentado clavarle la birome en la yugular, entonces,
mi amiga, estas muy enojada y además, necesitas
ayuda. Porque el enojo, no necesita llegar al nivel de
Psicópata americano, para reconocer que tenés un
problema.
Por
supuesto que un golpe certero a la compu, un buen
portazo, o la patadita ocasional al gato son sanos.
Después de todo, el enojo puede ser un gran
motivador: nos da fuerza, adrenalina y recursos
inesperados en momentos complicados. Es más sano
sacarnos de encima el enojo, que irnos carcomiendo por
dentro, por no exteriorizar nada. Pero, exagerar el
enojo y la hostilidad, no es nada positivo. Cuando nos
enfurecemos se acelera la actividad del sistema
nervioso simpático: esto no libera el estrés, todo
lo contrario, sube junto a la presión sanguínea.
Pero, vayamos a lo práctico ¿Cuándo un arranque de
enojo ayuda? Francamente, casi nunca. Un cerebro
furioso se olvidará de toda lógica, razón, justicia
y justificación mientras escupe los peores
vituperios. Después, ya sabemos, vendrán las cabezas
gachas, las disculpas, las caras largas. O peor, la
desesperación, la desesperanza, en fin, la famosa
culpa.
Si
reconoces arranques de hostilidad en vos, sí el mal
genio te está llevando directo a un infarto, y
sobretodo; sabes que, cuando mueras nadie va a extrañarte;
te sugiero que sigas leyendo esta nota.
-
Calmate y aplicá
el managment a tu enojo:Evita que el enojo se
vuelva destructivo; se trata de volver
constructivo al enojo.
- Reconocelo:
Somos animales, después de todo. Nos enojamos
cuando algo nos incomoda, intimida, amenaza,
disgusta o desacredita. ¿Qué situaciones nos hacen
sentir así? ¿Actúas racionalmente?
- ¿Qué es lo
que me enoja tanto?: Te parecerá muy loco, pero
dejar por escrito el motivo de tu enojo no sólo
puede ayudarte a reconocerlo sino a controlarlo.
Quizás anotes en tu diario de enojo. "Hoy
ejecuté irracionalmente a un sapo que encontré en
la vereda porqué el cajero automático me trago mi
tarjeta". Seguramente, podrás enfocar desde
otro ángulo, y reconocer la intensidad, duración y
motivos de tu enojo.
- Perspectiva: Es
decir, focalizar la importancia real que le das a
cada cosa y el tipo de atención que le prestas. Si
te irritas por pavadas, aprendé a reaccionar
adecuadamente, no pierdas el punto y si te enojas
por algo que si vale la pena, no pienses en tu ego
dañado sino en la manera piola o focalizada de
resolver el asunto. Un consejo: tené siempre en
mente que es lo que querés. Usa todo tu ingenio, tu
humor, tu buena onda antes de maldecir y patear, que
así, seguro no vas a resolver nada.
- No todo es
personal: Sí en el medio de un diluvio, el taxista
no paró (aunque estabas parada en el medio de la
calle, agitando los brazos como una loca) no
intentes correr hasta el semáforo, para ver si al
menos podes descargar tu bronca contra el capo.
- Controlate: Si
estás a punto de pelearte con alguien, baja los
decibeles y paso a paso, trata de no enojarte.
1 -
Preparada para la provocación: No estés
siempre a la defensiva, si te sentís agredida
pensa qué no es personal, que no hay que perder
el sentido del humor en vez de "una palabra
más y te voy a dar una piña que te va a dejar
los dientes en la planta del pie"
2 - Impacto y confrontación: Ante la primera
provocación "me mantengo cool" y
intento apaciguar los ánimos.
3 - Nada que hacer: Realmente hiciste un
esfuerzo pero crees que esto va a terminar en un
mano a mano. Deberías pensar: "debemos
tratarnos con respeto", o, "no voy a
dejar que me mandonee, voy a imponer límites".
-
Tácticas clásicas:
Los viejos trucos son los mejores. Si los consejos
a largo plazo no funcionan quizás estos remedios
inmediatos sean la solución: contá hasta diez,
mordete los dedos, y encerrate en el baño, a
gritar.
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