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reglas para mejorar la convivencia
“Mi
vecino escucha música a todo volumen a las tres de la
mañana, mi suegra se mete en todo, mis hijos me vuelven
loca, la rutina se instaló en mi pareja y ya no hay
comunicación entre nosotros...” A veces la
convivencia se vuelve tan difícil que nuestra vida se
convierte en un infierno.
1-
No subestimes el problema
Si cambiás de trabajo, te mudás a un nuevo
edificio o decidiste entablar una vida en común con tu
pareja, no te ilusiones pensando que las nuevas
relaciones podrán estar libres de todo conflicto.
Todas las personas, sin excepción, tenemos dificultades
para convivir en armonía.
Todos vivimos en una perpetua pelea interna con nuestros
conflictos personales y con nuestras insatisfacciones.
Pero, a menudo, no podemos reconocerlo y hacemos
responsables a los otros de nuestros propios problemas.
2- Tratá de ser objetiva
Tratar de ser lo más objetiva posible te permitirá
no responsabilizar por entero a los demás de lo que
sucede.
La licenciada Diana Usach, Directora del Centro de
Asistencia Psicológica Telefónica (CAPI) advierte
sobre la necesidad de estar alerta respecto de este
mecanismo tan común de depositar en los otros los
conflictos propios.
Mantener la objetividad es difícil, pero no imposible.
Es necesario tener siempre presente que los conflictos
en que nos vemos involucradas no son ajenos a nosotras.
Por el contrario, nosotras formamos parte de ellos.
3- Mantené despejados los canales de comunicación
Un malentendido puede llevar a que una situación
sin importancia se convierta en una verdadera bola de
nieve y se torne inmanejable.
“Una vez dejé de hablarme con una compañera de
trabajo por un malentendido –cuenta Sandra Barrionuevo
(33, casada, dos hijos, profesora de inglés)–. Estábamos
trabajando en equipo y ella decidió hacer cosas por su
cuenta. Todos nos quedamos sorprendidos. No podíamos
entenderlo y el funcionamiento del grupo se volvió muy
difícil. El problema no se solucionó hasta que no
hablamos con ella y nos aclaró lo que pasaba. Con esa
experiencia aprendí que cuando algo molesta es mejor
decirlo en el momento".
4- Respetá los puntos de vista y los hábitos de los
demás
Respetar el funcionamiento instituido de un grupo de
trabajo, de una familia o de una comunidad es una regla
básica de convivencia. Sin embargo, con frecuencia
solemos olvidarla, lo que ocasiona serios daños en
nuestras relaciones.
5- No resignes los espacios de libertad
Sobre todo en el ámbito de la pareja y la familia
suele confundirse tener una vida en común con tener que
compartirlo todo. Sin embargo, tan importante como
respetar la libertad del otro es respetar la propia. Y
para lograrlo es preciso desterrar ciertas culpas con
las que hemos sido educadas. Por lo general, las mujeres
tendemos a entregarnos a la tarea de ser madres sin
reservar para nosotras un mínimo espacio de
independencia. Pero esta generosidad sin límites se
vuelve contra nosotras.
Esto le sucedió a Cecilia Chávez (29) cuando se fue a
vivir con su novio y tuvo un hijo. “La convivencia
cambió muchísimo cuando tuve el bebé –afirma–. Le
dediqué todo el tiempo a mi hijo y la pareja pasó a un
segundo plano. Un día me di cuenta de que ya no tenía
vida propia. No me peleaba con mi pareja, pero estábamos
alejados. Por suerte, los dos nos dimos cuenta a tiempo
y estamos mucho mejor".
6- Fijá reglas claras desde el principio
Para preservar espacios de libertad es necesario
establecer reglas claras desde el principio, ya se trate
de la pareja, de los amigos, de la familia de origen o
de la familia política.
Según los especialistas, nuestra convivencia cotidiana
está regida por una serie de contratos tácitos o explícitos
que establecemos con los otros. Cuanto más claros sean
los términos de estos contratos, mejor resultará la
convivencia.
7- Monitoreá continuamente tu sistema de valores
Los momentos de crisis rompen nuestro equilibrio
personal y nos obligan a dejar de lado lo importante
para ocuparnos de lo urgente. La necesidad de
subsistencia hace que todo lo demás pase a un segundo
plano.
Sobre todo en este momento, es común que la felicidad
de tener una pareja o de compartir un momento en familia
se vea opacada por la necesidad perentoria de dar
respuesta a los problemas económicos.
Es primordial, por lo tanto, que continuamente
monitoreemos los valores con que nos manejamos, que
revaloricemos de manera constante las relaciones
afectivas que hemos ido construyendo a lo largo de
nuestra vida y que no anulemos su valor dejando que las
devore el torbellino de la crisis.
8- Resuelvé problemas, no persistas en el conflicto
Los conflictos cotidianos tienen una doble cara: por
un lado, empobrecen y empañan nuestra vida. Por otro, a
veces nos impiden ocuparnos de conflictos más profundos
y es así como ciertas cosas de relativa importancia
ocupan un lugar protagónico en nuestras vidas.
Aunque parezca contradictorio, muchas personas logran, a
través de la creación de conflictos, cierto grado de
estabilidad emocional. A través de acciones que
resultan agresivas para los otros, logran protagonismo y
canalizan rabia y frustraciones.
Verónica Peralta (soltera, estudiante de Ciencias Económicas)
tiene uno de esos vecinos conflictivos que transforman
la convivencia en un calvario. “Mis vecinos tienen
animales y los dejan todo el día en el balcón. Hacen
sus necesidades allí, lo que produce mal olor. Además,
los vecinos hacen ruido y molestan a toda hora. Les
decimos que cambien de actitud, pero persisten en
ella".
En estos casos, antes de que el conflicto se torne crónico,
es preciso tomar el toro por las astas.
9- Hay que ser flexible y aprender a tolerar
La convivencia atenta contra nuestra libertad
absoluta. Pero a cambio de esa pérdida nos da otras
cosas: afecto, apoyo, sostén, compañía, fuerza o la
posibilidad de lograr objetivos que es imposible
alcanzar de forma individual.
Tener presente que para ganar todas estas cosas a veces
es necesario perder otras es imprescindible para
convivir en armonía.
Ser flexible implica, precisamente, no vivir cualquier
concesión como una pérdida, sino como un
enriquecimiento, ya que permitirá el acceso a un
objetivo superior.
10- Manejate con evidencias, no con prejuicios
Muchas veces los prejuicios que tenemos respecto de
una persona hacen que todas las acciones que dicha
persona lleva a cabo sean consideradas desde una óptica
negativa.
Diana MOLINA detesta la impuntualidad de su novio. Esta
característica de su pareja la enoja tanto que así se
retrase dos minutos porque tuvo un choque con el auto,
le hace una escena.
Cotejar permanentemente la idea que tenemos de la
realidad con la realidad misma es un buen ejercicio para
no sentirnos siempre tratadas injustamente.
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