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¿Sirve
la culpa? Lo mismo que la risa y el llanto, los sentimientos de culpa forman parte de una capacidad innata, que desarrollamos desde chiquitos cuando escuchamos frases cómo "las nenas buenas no lloran, no patalean". De este modo, aprendemos a través de la culpa a dominar nuestros impulsos inaceptables y nuestras ansias destructivas. Sin embargo, a las mujeres parece habernos copado "la plaga de la culpa". Culpa por comer de más, por no estar esplendida siempre, por no estar full time con los hijos, por estar cansada y gruñona a la noche con nuestro marido. Parece que nos sentimos culpables cuando no hacemos todo lo que creemos que deberíamos hacer, y hacemos cosas que pensamos que no tendríamos que hacer. Es lo peor de la culpa, porque nos ocultamos sentimientos normales e inevitables. Ser "mala" no es el único tema de la culpa, el tema es no ser lo suficientemente "buenas". Y ahí nos metemos en problemas, porque nos sentimos mal y nos baja la autoestima. Y recurrimos a remedios rápidos como por ejemplo, una gran panzada de comida, que después nos hará sentir peor, o mucho más grave, un agravio sin sentido.
Lo importante es focalizar las cosas de manera correcta, que quiero decir:
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