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EL ENOJO… enemigo íntimo

 Motivo de enfermedades varias, el enojo es un sentimiento que rara vez se encauza del modo adecuado y por eso perjudica  las relaciones.

Tratemos de convertirlo en un factor positivo.

 Aristóteles decía:  “ Es fácil ponerse furioso, pero no es fácil estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto y de la forma correcta”

Casi 24 siglos más tarde, el hombre moderno comprueba diariamente cuanta razón tenia el filósofo.

Furia, ira, enojo  son mecanismos que emanan del instinto de conservación. Fueron desde un principio necesarios para la supervivencia, pero en estos tiempos, la pulsión iracunda se está volviendo contra sus portadores. Diversos  estudios de riesgo de infarto señalan que las personas irascibles son más propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares.

Algunos investigadores del comportamiento explican: “ cuando nos enojamos, el pulso se acelera, los músculos se tensan  y el organismo libera hormonas que nos colocan en situación de dar batalla. Las facciones se endurecen  y el enojo se traduce en reacciones mas o menos violentas contra sí mismo, el entorno o las demás personas. Según los especialistas, lo más saludable es recortar el enojo antes de que la furia desatada provoque consecuencias fatales.

El enojo lleva a un distanciamiento afectivo, en la pareja y con los hijos. Aquellos  que no son capaces de decir que están enojados y por que razón están enojados , adoptan una actitud distante, se encierran, no hablan. Y es que confrontarse con la furia, animarse a decirle al otro que es lo que nos disgusta, implica desenmascararnos en nuestra vulnerabilidad.

 Broncas cotidianas.

 Esperar largo rato  el ómnibus, soportar una cola interminable para pagar un impuesto y al llegar a la caja enterarse de que no es allí donde se cobra, entrar al cuarto de tus hijos y comprobar que han derramado un frasco de dulce en el piso recién encerado……..

La vida cotidiana  ofrece innumerables ocasiones para salirse de las casillas. Las causas de las broncas cotidianas no son fácilmente reprimibles, pero sí se puede  impedir  que provoquen  males mayores.

Algunas estrategias  que recomiendan los especialistas para evitar el enojo inútil tienen que ver con  intentar que la razón triunfe sobre el instinto. Si enfurecerse  no lleva a solucionar el problema ( la lluvia no va a detenerse por más que una insulte al que pronostica el tiempo) se debe al menos evitar una discusión con la pareja por haber insistido en salir a pasear, por ejemplo.

En algunos casos, la bronca sirve para defender los derechos avasallados, sin embargo la mejor manera de hacerse respetar es conservando la calma.

No se trata de reprimir cada asomo de ira, ni de convertirse en un cordero sino de ir transformando los impulsos destructivos en reacciones más saludables.

El enojo es una luz de alarma.  Se enciende cuando vemos amenazada nuestra integridad, nuestro trabajo, nuestro bolsillo, cuando creemos que no somos respetados.

Lo ideal sería que cada uno debiera  plantearse por qué cosas vale la pena enojarse y por cuales no y poner limites. 

 Fuente: Revista Luna

 

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