El acto de mentir se
define como la intención deliberada que tiene
una persona de engañar otra. La mentira viene a
ser simplemente, algo que no es verdad, que no
es real.
Clasificación de las mentiras
Existen dos formas fundamentales de
mentir: a través del ocultamiento y a través del
acto mismo de falsear. El mentiroso que oculta,
retiene cierta información sin decir en
realidad, algo que falte a la verdad. El que
falsea da un paso adicional: no sólo retiene
información verdadera, sino que presenta
información falsa como si fuera cierta.
Para que un acto de mentira se concrete,
a menudo, el mentiroso combina ambas formas de
engaño, pero en muchas ocasiones, se conforma
simplemente con el ocultamiento, pues muchos
consideran que ocultar información no es mentir.
Cuando un mentiroso está en condiciones
de mentir, por lo general prefiere ocultar y no
falsear. En primer lugar, porque resulta más
fácil: no existen historias que inventar ni
posibilidades de ser descubierto. Por otra
parte, el ocultamiento parece menos censurable.
Es pasivo, no activo y los mentirosos suelen
sentirse menos culpables cuando ocultan que
cuando falsean, aún cuando sus víctimas resulten
igualmente perjudicadas.
Por otra parte, las mentiras por
ocultamiento son mucho más fáciles de disimular
una vez descubiertas. El mentiroso no se expone
tanto y tiene muchas excusas a su alcance: su
ignorancia sobre el asunto, o su intención de
revelarlo más adelante, o simplemente "se le
olvidó".
Existen mentiras que de entrada obligan
al falseamiento y para las cuales el
ocultamiento simplemente no basta. Por ejemplo,
si alguien pretende obtener un empleo mintiendo
acerca de su experiencia laboral, con el
ocultamiento sólo no le bastará: deberá ocultar
su falta de experiencia pero además, tendrá que
elaborarse una historia de experiencia laboral
previa.
También se apela al falseamiento, por más
que la mentira no lo requiera en forma directa,
cuando el mentiroso quiere encubrir las pruebas
de lo que oculta, necesario fundamentalmente
cuando lo que se quiere ocultar son emociones.
Es muy difícil ocultar una emoción actual, en
especial si es intensa. El terror es menos
ocultable que la preocupación. La furia menos
que el disgusto. Cuanto más fuerte sea una
emoción más probable es que se filtre alguna
señal pese a los esfuerzos del mentiroso por
ocultarla.
Otra forma de mentir, es la que los
expertos en el arte del engaño llaman "medias
verdades" o "verdades retorcidas", de tal modo
que la víctima no la crea. En la primera, cuando
la persona engañada emplaza al mentiroso acerca
de un asunto, éste no lo niega, por el contrario
le da la razón a su víctima, pero hasta cierta
parte de la historia. La otra parte es mentira.
De esta manera, la persona engañada cree en la
verdad de las palabras del mentiroso.
En el caso de las verdades retorcidas, el
mentiroso dice la verdad de tal modo que la
víctima no lo crea, es decir, dice la verdad
falsamente. Es el caso del esposo que llega
tarde a la casa y cuando su mujer el pregunta en
dónde estaba, éste le contesta: "con mi amante,
como me acuesto con ella todos los días, tenemos
que estar en permanente contacto". Esta
exageración de la verdad pone en ridículo a la
esposa y le dificulta proseguir con sus
sospechas. También servirá para el mismo
propósito un tono de voz o una expresión de
burla.
Se puede hablar de tres clases de
mentira: la racional, la emocional y la
conductual.
En la mentira racional, lo básico es que
lo que se dice, se siente o se hace, se
contrapone con la verdad racional. Se falsea la
verdad por algún interés. Es más profunda, mucho
más malvada, es la mentira hecha para dañar a
los demás. Es el caso de una amiga envidiosa que
le dice a otra que su marido la engaña con el
propósito deliberado de causar daños en su
matrimonio.
La mentira emocional, en la que lo básico
es que, lo que se dice, se siente o se hace no
concuerda con la situación emocional del mundo
afectivo. Un ejemplo de esto podría ser el caso
de los esposos que cuando llegan a la casa
tratan de parecer enojados, por alguna mala
situación en el trabajo, el tráfico pesado o
cualquier otra circunstancia, cuando en realidad
estaban en una fiesta jugando dominó con sus
amigos, o simplemente pasándola bien con su
amante. Tratar de parecer enojado, no es fácil,
pero ayuda mucho si además se frunce el ceño.
Y el tercer tipo de mentira, que es mucho
más elaborada, es la mentira conductual en la
que se trata de actuar o dejar actuar de forma
deliberada para decir que somos lo que no somos.
Es el caso del galán vanidoso de mediana edad,
que la oculta ante su novia o amante, tiñéndose
las canas y afirmando tener siete años menos.
Las mentiras... ¿Tienen patas
cortas?
En más de una oportunidad hemos escuchado
decir que las mentiras tienen patas cortas, pues
en ocasiones se descubren más rápido de lo que
pensamos. Las mentiras fallan por muchas
razones. A veces, la víctima del engaño descubre
accidentalmente la verdad al encontrar una carta
de amor escondida, una mancha de pintura de
labios o al escuchar una conversación íntima por
el teléfono auxiliar que levantó al mismo tiempo
que su pareja.
También puede ocurrir que otra persona
delate al mentiroso: un colega envidioso, una
esposa abandonada, un informante que ha sido
pagado, son algunas de las fuentes básicas para
descubrir un engaño.
Sin embargo, la persona mentirosa también
se delata por múltiples pistas como un cambio en
la expresión facial, un movimiento del cuerpo,
la inflexión de la voz, el hecho de tragar
saliva, un ritmo respiratorio excesivamente
profundo o superficial, largas pausas entre las
palabras, un desliz verbal, una microexpresión
facial o un ademán que no corresponde.
Ahora bien, ¿Por qué los mentirosos no
pueden evitar estas conductas que los delatan?
Las razones son dos: una de ellas ligada a los
pensamientos y otra a los sentimientos.
Mentiras relacionadas con los
sentimientos
El hecho de no haber pensado de antemano,
programado minuciosamente y ensayado el plan
falso es sólo uno de los motivos por los cuales
se cometen deslices que ofrecen pistas sobre el
engaño.
Los errores se deben a la dificultad de
ocultar las emociones o de inventar emociones
falsas. No toda mentira lleva consigo una
emoción, pero las que sí, causan al mentiroso
graves problemas.
Cuando se despiertan emociones, los
cambios sobrevienen casi al instante sin dar
cabida a la deliberación. El pánico que siente
el mentiroso de ser descubierto produce señales
visibles y audibles, pues es algo que está más
allá de su control.
Las personas no escogen deliberadamente
el momento en que sentirán una emoción. Ocultar
una emoción no es fácil, pero tampoco lo es
inventar una no sentida, aunque no haya otra
emoción que disimular con ésta. En este caso, el
falseamiento se hace tanto más arduo cuanto
mayor es la necesidad que existe de él,
especialmente si éste contribuye a ocultar otra
emoción.
Las mentiras relacionadas con
pensamientos no involucran emociones. Son las
mentiras acerca de planes, ideas, acciones,
intenciones, hechos o fantasías. Defender la
verdad es mucho más complicado que decir una
mentira en este caso. Por ejemplo, el que plagia
oculta que ha tomado una obra ajena
presentándola como propia, mintiendo sin
sentirse culpable.
Mentira y personalidad
Los seres humanos decimos, sentimos y
hacemos mentiras en muchas épocas de nuestras
vidas.
Así, el niño es mentiroso en la misma
medida en que sus fantasías se hagan presentes
para confundirlas con realidades. El adolescente
es un mentiroso en la medida en que su encuentro
con el mundo real, cause frustraciones. El joven
es mentiroso, en tanto y en cuanto no se sienta
capaz de confrontar las verdades que le
adversan. El adulto es mentiroso cuando no ha
logrado superar los obstáculos que le ha puesto
la vida y por lo tanto para sentirse el
triunfador que nunca ha sido, engaña. Por
último, el anciano es mentiroso cuando no se
perdona los errores que ha cometido en su
vida.
De acuerdo con esto, en la misma
proporción en que el niño aprenda a diferenciar
el mundo real de sus fantasías, que sepa
enfrentar sus diferencias con los demás para
irlas comprendiendo y confrontando en la
juventud y la adultez y en la misma medida en
que los ancianos se hayan sentido valiosos,
triunfadores en la vida, se podrá confrontar la
posibilidad de la mentira como una traición
destructiva.
Si esto no se hace, la mentira puede
transformarse en un instrumento de evasión ante
la frustración.
Mentira y profesión
Un escritor tiene que hacer creíble la
historia que cuenta a través de conocimiento
racional, del manejo emocional y de la
credibilidad accional.
Un político tiene que hacer creíble su
mensaje emocional de trabajo por el grupo, a
través de mensajes racionales, honestos y de
acciones acordes con lo que dice sentir.
Un actor tiene que hacer creíble -a
través de sus acciones- una realidad que le es
ajena a su personalidad, a través de una gran
honestidad y de una gran sinceridad.
Por otra parte, todos los que trabajen
con las ciencias y la tecnología tienen que ser
fundamentalmente honestos.
Existen muchas clases de mentiras, entre
las que se cuentan los chismes, los rumores, las
murmuraciones y las tan nombradas "mentiras
blancas o altruistas" que se dicen en casos
extremos, como el del niño que pierde sus padres
en un accidente y cuando recobra la conciencia,
al preguntar por ellos, sus médicos le dicen que
están bien, pese a que habían muerto. Pero en
líneas generales, la mentira daña la relación de
confianza en la familia, en la pareja, el
trabajo y en general, en todos los aspectos de
nuestra vida.
La mentira puede hacer daño a quien la
recibe, pero a quien más perjudica es al
mentiroso, pues se convierte en una persona poco
seria, digna de poca confianza y credibilidad.
Muestra de ello es que políticos y empresarios,
entre otros, han sido víctimas de su falsa forma
de llevar la vida y su trabajo. Recordemos aquel
famoso refrán que dice "en la persona mentirosa,
la verdad se vuelve dudosa". A eso nos lleva la
mentira.