|
Los orgasmos
femeninos
El orgasmo es el objetivo de
la mayoría de las relaciones sexuales y, sin embargo, hay
mujeres que nunca experimentan esta sensación porque hay
barreras, la mayoría de las veces inconscientes que lo
impiden, y a pesar de ello todas somos capaces de experimentar
la felicidad espiritual y corporal que proporciona el orgasmo.
¿Por qué
tenemos orgasmos?
Aunque a algunas les parezca
imposible se puede aprender a tenerlo. Incluso, si hasta ahora
tus experiencias con el orgasmo han sido buenas, nunca está de
más una mejora y siempre se puede aspirar a metas más altas.
Este texto
está dirigido a las mujeres, pero no estaría de más que los
hombres lo consultaran también, ya que la mayoría de las veces
las relaciones sexuales suelen suceder entre hombres y mujeres
y todos debemos estar implicados en la felicidad tanto propia
como ajena.
La primera pregunta que nos hacemos es por
qué y cómo las mujeres tenemos los orgasmos. Históricamente ha
sucedido con el orgasmo como con la inteligencia o el alma,
que las mujeres hemos tardado mucho tiempo en tenerlos.
Todavía a principios del siglo XX algunos renombrados médicos
vieneses extirpaban el clítoris a las mujeres porque
consideraban que el orgasmo podía provocarles debilidad mental
y dificultades para tener hijos.
En la Edad Media se
llegó a decir que el orgasmo tanto masculino como femenino era
el regalo del diablo por el pecado y si bien los hombres no
los podían evitar porque eran necesarios para la reproducción,
ellas debían hacerlo porque el diablo entraba en su cuerpo
durante el orgasmo y dañaba al feto, de tal manera que todos
los niños que nacían con problemas era por culpa del deseo
insaciable de su madre.
Las mujeres, lo mismo que
los hombres necesitan el orgasmo para sentir que la respuesta
sexual ha sido satisfactoria y para volver a hacerlo con
ganas.
Un poco más de historia En los años
cincuenta empezó a considerarse como necesario tanto el
orgasmo masculino como el femenino para considerar perfecta
una relación sexual, pero los etólogos consideraron que el
orgasmo femenino era un “don” sólo para las mujeres. Según
ellos, el resto de las hembras no los tenían e incluso llegó a
decirse que para ellas (las hembras) el coito era doloroso y
en contra de su voluntad, casi una violación.
En los
años ochenta se estudiaron con más detenimiento las respuestas
sexuales de las hembras y ¡sorpresa!, se descubrió que desde
los reptiles las hembras poseen un clítoris profusamente
cargado de terminaciones nerviosas que tienen como funciones:
lubricar la zona, relajarla y provocar una respuesta
extremadamente placentera cuyo recuerdo sirva de refuerzo para
una conducta poco frecuente y muy necesaria para la especie,
pero peligrosa para el individuo.
Las mujeres, lo mismo
que los hombres necesitan el orgasmo para sentir que la
respuesta sexual ha sido satisfactoria y para volver a hacerlo
con ganas. Lo que ocurre si el orgasmo no sucede, es que
pueden tenerse relaciones, pero sin placer el deseo se
extingue.
¿Qué pasa durante un orgasmo? Si ha
habido deseo, y la excitación ha sido buena, se alcanza un
punto llamado meseta. Si la estimulación se parase, todo
volvería a su estado inicial, si el estímulo continúa en la
misma zona, se produce un sudor fino, la respiración se hace
más rápida y agitada, el pulso se acelera, el pecho se hincha
y los pezones se endurecen, la tensión muscular sube y a veces
se produce un enrojecimiento en la zona del pecho cerca del
cuello.
Durante el orgasmo se producen contracciones
rítmicas en todo el cuerpo, algunas mujeres gritan, la espalda
se arquea, se produce una contracción en las manos y en los
pies y al terminar se sienten una serie de contracciones
rítmicas en el orificio de la vagina. Pero el orgasmo también
comporta una serie de aspectos emocionales que pueden influir
de tal manera que un buen orgasmo físico puede considerarse
como algo negativo si las circunstancias o la persona no son
las adecuadas, y, así, muchas mujeres pueden creer que no han
tenido un orgasmo porque imaginan que tiene que ser algo mejor
de lo que han sentido y otras porque las circunstancias son de
su agrado calificar como magnífica una situación no orgásmica.
Las mujeres son mucho más rápidas que los hombres
cuando se masturban.
Nosotras, más rápidas Se ha
dicho y se ha repetido que las mujeres necesitan más estímulo
directo y durante más tiempo que los hombres para conseguir
llegar a la meseta, pero las investigaciones de Masters y
Jonson demostraron que esto no es cierto, que las mujeres son
mucho más rápidas (entre 40 segundos y minuto y medio) que los
hombres (entre un minuto y dos y medio) cuando se masturban.
Eso nos hace pensar que la diferencia a la hora de las
relaciones se sitúa en la fase del deseo, la mayoría de los
hombres llegan a la relación habiendo recorrido ya la mitad
del camino y se encuentran con ellas que todavía están
acostando a los niños...
Ya sabemos que la masturbación
no hace daño en ningún caso no importa la frecuencia con la
que lo hagamos, pero muchos niños y sobre todo niñas aprenden
muy pronto que no es una conducta adecuada y eso las lleva a
no hacerla o a practicarla con unos fuertes sentimientos de
culpa, por eso quizás la mayoría de las mujeres emplean
métodos indirectos o secretos para autosatisfacerse.
Métodos indirectos Como por ejemplo: “Yo
alcanzo el orgasmo apretando rítmicamente los muslos sin que
nadie se entere”, “Necesito ponerme un almohadón entre las
piernas con su roce lo paso muy bien”, “Mis mejores momentos
fueron montando en bicicleta”, “Aprendí lo que era el placer
resbalándome por el tronco de una higuera”, “Cuando me pongo
los vaqueros recién lavados suelo subir las escaleras
corriendo suelo tener un orgasmo antes de llegar a casa” “Nada
como la alcachofa de la ducha”. Cuando las mujeres se
enamoran su principal problema suele ser el de que anteponen
el placer de su pareja al suyo, sienten que su sexo es algo
sucio, que él puede que se canse si se entretiene mucho, que
él no puede disfrutar con lo que a ella le gusta, que si no le
da placer sexual se irá con otra y por ello prefieren asegurar
el placer de su pareja, se olvidan que lo más importante para
pasarlo bien en una relación de pareja es prescindir de todo
lo que no sea el propio placer.
La mayoría de los
hombres desean ardientemente que su pareja alcance el más
fantástico de los orgasmos mientras él la está penetrando y se
sienten mal cuando sienten que tienen que emplear algún otro
truco.
La calidad de los orgasmos En las
mujeres la calidad de los orgasmos depende de su escala de
valores y de su estado emocional. Por ello la mayoría de las
mujeres pueden “premiar” o “castigar” a su compañero dándoles
o quitándoles su propio orgasmo, por ello, a la mayoría les es
muy fácil conseguir sus orgasmos a solas y muy difícil cuando
están acompañadas, por todo lo dicho y en primer lugar por la
cuestión de la penetración. La mayoría de los hombres
desean ardientemente que su pareja alcance el más fantástico
de los orgasmos mientras él la está penetrando y se sienten
mal cuando sienten que tienen que emplear algún otro truco
sobretodo las manipulaciones del clítoris.
Ya Freud
puso la primera piedra de esta polémica cuando calificó a las
mujeres de clitoridianas o inmaduras y vaginales o maduras
porque aceptaban el pene y el placer en la vagina. Durante
muchos años siguió la polémica hasta que Masters y Jonhson
(otra vez ellos) descartaron la vagina como órgano de placer
femenino al no tener ningún tipo de terminaciones nerviosas y
que el orgasmo no nacía ni en el clítoris ni en ninguna otra
parte de la piel, el orgasmo es una respuesta que nace en la
zona sacra de la médula espinal en el mismo lugar para hombres
y para mujeres y que si bien el pene es el órgano del placer
masculino el del placer femenino lo es el clítoris y por lo
tanto para que el orgasmo femenino suceda este pequeño “amigo”
tiene que estar implicado de una manera o de otra, o bien
porque la postura favorezca su fricción o porque él o ella lo
estimulen directamente.
Muchas mujeres comentan
que han tenido amantes verdaderamente expertos con los que no
consiguieron ningún orgasmo y sin embargo con otros menos
sabios sí.
La palabra clave: disfrute A la mayoría
de las mujeres les es imprescindible sentirse relajadas para
alcanzar su orgasmo y una de las principales causas de esta
falta de relax es al presión a la que se sienten sometidas
cuando perciben la ansiedad de ellos ante la ejecución, por
ello los orgasmos de calidad dependen mucho más de la
tranquilidad que de las habilidades del compañero, la palabra
clave es disfrute.
Muchas mujeres comentan que han
tenido amantes verdaderamente expertos con los que no
consiguieron ningún orgasmo y sin embargo con otros menos
sabios pero más cariñosos y divertidos les fue muy fácil
conseguirlos, parece ser que el orgasmo femenino es una
cuestión afectiva no mecánica.
La mayoría de las
mujeres que no experimentan un orgasmo, incluso cuando han
alcanzado un nivel de excitación muy alto, no tienen ningún
problema físico, sus problemas suelen estar alojados en su
sistema emocional, es decir, en el inconsciente, una educación
muy estricta, un y/o débil, falta de autoestima, el deseo de
quedar bien, o el hecho muy corriente de intercambiar sexo
para recibir afecto son algunas de las causas. Pero conocer
las razones no supone que automáticamente se produzca un
desbloqueo.
Algunos consejos - Habla
sinceramente con tu pareja, no creas que te va a querer menos
cuando sepa lo que te pasa. - Enséñale las cosas que te
gustan. Ya sé que algunos hombres se sienten mal si se les
corrige sus actuaciones, pero la mayoría agradece mucho la
información.
- No le permitas penetrar hasta que no te
sientas a punto.
- Busca tu orgasmo antes de la
penetración, la fase refractaria femenina, es decir, ese
tiempo después del orgasmo y antes del relax, es
suficientemente larga para que él obtenga su placer y durante
este tiempo tú… quizás… repitas.
|