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Escrito por Administratora
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miércoles, 27 de febrero de 2008 |
Hasta hace relativamente pocos años, se admitía socialmente que la mujer estuviera dedicada enteramente al hombre, al hogar y a sus hijos.
De hecho, era la única ocupación para la que muchas eran educadas. La inmersión de la mujer en el mundo laboral, producida durante las últimas décadas, con la consecuente igualación de los roles sociales, la introducción de la píldora anticonceptiva, así como la reivindicación femenina de ciertos derechos exclusivamente masculinos hasta el momento, ha llegado también al terreno sexual. Las mujeres han dicho Y nosotras, ¿qué? y este hecho ha revolucionado el panorama sexual imperante. La principal demanda en este terreno hace referencia al derecho de gozar sexualmente sin estar al servicio exclusivo del placer masculino. El orgasmo femenino también existe y hace falta recordar aquí un viejo dicho (quizá un poco injusto, a mi parecer) que afirma que no hay mujeres frígidas, sino hombres inexpertos.
Evidentemente, no es mi intención responsabilizar a los hombres de la insatisfacción sexual femenina porque soy de la opinión que en estos asuntos la responsabilidad es, o debería ser, siempre compartida. Simplemente quiero hacer notar de su incapacidad de satisfacer a la mujer siempre y cuando no tengan en cuenta que ellas también pueden disfrutar y no estar exclusivamente al servicio del orgasmo masculino porque esta postura perjudicaría tanto a los unos como a las otras. Con todo esto, el hombre se encuentra ante una mujer que desconoce, que le desconcierta y que le abruma sexualmente porque la iniciativa sexual que ellas han empezado a tomar y el hecho de que muestren de manera abierta y sin represores sociales que se lo impidan que también pueden gozar sexualmente le asustan y le generan un sentimiento de incompetencia que desconocía hasta entonces.
El cambio, a pesar de estar protagonizado por las mujeres, no ha sido fácil ni para ellos ni para ellas. Las primeras, porque todavía arrastran en su inconsciente colectivo ciertos prejuicios, fruto de la educación represiva propia de una cultura falocrática de muchos años, que les puede generar incongruencia con el nuevo papel que supuestamente deben asumir; y los segundos, porque la nueva mujer los empuja a asumir un nuevo rol sexual menos activo y no acaban de entender qué es lo que está ocurriendo realmente.
Visto el error que podrían cometer los hombres en este terreno, deberíamos resaltar aquí que las mujeres pueden llegar a cometer uno mayor si aprovechan esta nueva revolución femenina para competir con los hombres y demostrar no sólo que pueden llegar a estar a la misma altura, hecho absolutamente legítimo, puesto que todos deberíamos tener los mismos derechos y obligaciones independientemente de las condiciones de género, sino que están por encima de ellos. Una guerra de sexos es, a mi parecer, la peor de las posiciones a tomar.
Puestos en antecedentes y como consecuencia de todos ellos, nos encontramos ante una situación difícil de solventar si lo hacemos en clave de competición. Las mujeres deberían aprovechar el derecho a gozar sexualmente, del que han estado privadas durante generaciones anteriores, y los hombres deberían aprovechar la oportunidad para disfrutar una nueva sexualidad rica, complementaria y compartida con el otro sexo. Deberíamos permitir que la diferencia nos complemente en vez de alejarnos y que los distintos perfiles enriquezcan nuestras relaciones sexuales. Las mujeres deberían, en este sentido, abandonarse durante la relación sexual y dejarse llevar sin prejuicios y los hombres deberían ser conscientes que no están obligados a demostrar nada, simplemente a disfrutar con ellas.
Como dijo el prestigioso médico español Gregorio Marañón, no son los dos sexos superiores o inferiores el uno al otro. Son simplemente, distintos. Aprovechemos productivamente esta diferencia para enriquecernos mutuamente y no malgastemos el tiempo en batallas absurdas, que de éstas van triste y diariamente llenos los titulares.
Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja. |
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Modificado el ( miércoles, 27 de febrero de 2008 )
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